Poemas eróticos, Poemas al oído

poetryLa poesía quizá haya encontrado su sitio. El lugar donde se siente más libre y dispuesta para decir las cosas que soñamos, imaginamos y deseamos, pero que nos negamos a expresar por pudor o miedo. La poesía ha vuelto a su origen, a los lugares donde se escribió y se recitó durante los siglos en que fue considerada, más que un arte, una forma de vida: el burdel.

The Poetry Brothel es un proyecto fundado en Nueva York, producido por The Poetry Society of New York. El lugar está habitado por poetas cortesanas y cortesanos que realizan su trabajo en lecturas públicas, explosiones espontáneas de poesía y, sobre todo, en sesiones particulares con los clientes en sofás, en sillones o habitaciones privadas. Uno de los principales objetivos del proyecto es que la poesía de burdel sea una forma de expresión creativa, desinhibida, en la que los poetas y los clientes pueden ser ellos mismos en privado.

Un aspecto fundamental del proyecto es el disfraz: la creación de un personaje que funciona tanto para el poeta como para el público como un dispositivo de liberación. Al mismo tiempo, sirve para que los poetas dejen de subestimarse o de pensar que su trabajo no tiene ningún valor. Porque como todo burdel que se precie, los clientes tienen que pagar por el trabajo de los cortesanos.

Pero el proyecto, como la poesía y el erotismo, no es privativo de la ciudad de los rascacielos. Dos miembros del The Poetry Brothel de Nueva York fundaron sedes en París y Barcelona. Esta exportación ha permitido que The Poetry Brothel comenzara un interesante experimento de intercambio de poesías entre los cortesanos y un proceso de traducción a las lenguas de cada lugar, para lograr una amplia y selecta edición de las mejores poesías para recitar en las tres sedes.

El tiempo y el éxito del proyecto han permitido abrir otros Prostíbulos o Burdeles Poéticos en ciudades como New Orleans, Zúrich, Bogotá, Madrid, Los Ángeles, Edmonton o Filadelfia.

Si te das una vuelta por sus webs, te darás cuenta que la mayoría busca cortesanos y cortesanas que quieran trabajar en ellos. Quizá este sea un buen momento para sacudirnos el pudor, escribir lo que verdaderamente sentimos y llevar nuestras creaciones para recitarlas a hombres, mujeres o parejas dispuestas a pagar por un poema al oído: placer absoluto.

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Artículo publicado en la Revista Suburbano en febrero de 2014.

Microrrelatos 54

La envidia

Un hilo de sangre recorre su pecho hasta escurrirse hasta sus pies. Un dolor agudo le azota el alma, sabe que todo ha terminado, ya no habra sol, ni viento, ni besos, ni lágrimas, ni cielos.

Mira a los ojos a su ejecutor, que lo observa más asustado que complacido.

La decepción lo derrumba. Cae.

Se toma el pecho. No lo hace por dolor, es tristeza. Comprende que ese que lo mata, no se ha dado cuenta de la belleza del día siguiente.

carlos lópez-aguirre
Puebla, México. 20 de marzo de 2014

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Nota al autor

Hace tiempo que dejé de ser tuya. Hace tiempo que me cansé de que me utilizaras.

Ahora sabes que ya nada nos une. Sólo las palabras.

Esas que pusiste en mi camino y por el que muchos se guían para conocer mi destino, ese que no deseaba, ese que culmina con una tragedia, mi tragedia. Morir una y otra vez en cada ejemplar.

Pero sólo tú tocaste el cielo. Pero te arrepientes de mi muerte, ahora que no sabes cómo continuar.

Como yo con este relato que escribo sin pensar.

carlos lópez-aguirre
Puebla, México. 20 de marzo de 2014

Microrrelatos 53

El horror

Fue en el último instante, en ese minuto final que separa la vida de la nada, cuando él, recostado en la cama de aquel hospital, sucumbiendo al dolor de una larga agonía, solo, en medio de la oscuridad y el silencio, cuando comprendió que la vida es una larga cadena de tiempos perdidos, de temores, de omisiones, de viciosa ociosidad.

Una mueca le desfiguró la cara.

Murió.

carlos lópez-aguirre
Ciudad de México, 11 de junio de 2013

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Paradoja

Era el vestido más bello que había visto jamás.

Era verde, floreado y entallado. Se ajustaba preciso a sus formas perfectas, como si lo hubieran cosido a mano sobre su cuerpo. A su paso, era inevitable recorrerla, acariciarla con la mirada.

Se veía tan bella con aquel vestido, que me reía de la paradoja: lo único que deseaba era quitárselo.

carlos lópez-aguirre
Barcelona, 11 de febrero de 2014