Microrrelatos IV

Versión libre del incumplimiento de la última voluntad de un genio

Bajo su mano, la suavidad del papel le auguraba un futuro prometedor. Minutos antes, Franz había muerto. Para Max era un alivio. Tomó los folios y los guardó con cuidado en su maletín. Volvió a la cama y cubrió sin adiós el rostro de su amigo. A través de la ventana el brillo de una fogata le recordó la promesa de quemar los papeles que descansaban en su maletín, pero lo olvidó al segundo siguiente. Tenía prisa, el editor era una persona impaciente y no quería llegar tarde al futuro que le prometían los inmortales papeles de Franz.
carlos lópez-aguirre
Berlín, 7 de noviembre de 2009
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Sin puntería

“Esta vez no erraré el tiro”. La frase había salido sola, sin pensar. Levanté la mirada en busca de sus ojos y, tal como esperaba, los encontré aturdidos, por no decir que asustados, y de inmediato supe que todo había terminado. Entonces, muy despacio, casi imperceptible, su mano se fue escurriendo de la mía, y me sentí ridículo, ahí arrodillado con un enorme anillo de diamantes en la mano y al lado de un camarero inmutable que esperaba la orden para servir el champán con el cual pensábamos brindar mi joven prometida y este viejo que no supo llegar a su sexto matrimonio.
carlos lópez-aguirre
Barcelona, 5 de septiembre de 2009
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