La mitad del mundo

En el 2001, durante los festejos del 450 Aniversario de la fundación de la Real y Pontificia Universidad de México, hoy Universidad Nacional Autónoma de México, el  Museo Universitario de Ciencias y Artes de la UNAM realizó una exposición sobre la historia de la institución. En aquella muestra se podían apreciar diferentes objetos, como muebles, ropa y libros que habían sido utilizados y creados por la propia Universidad a lo largo de los años. El final de la exposición estaba dedicado a los excluidos de la Universidad, aquellas personas que por cuestiones raciales o de clase no tuvieron derecho a los estudios superiores y, en algunos casos, ni tan siquiera a la educación básica. Poco antes de la salida había una puerta donde se leía “Excluidos por ignorancia”. Después de recorrer un pequeño pasillo en completa oscuridad, el visitante quedaba deslumbrado por la potente luz que iluminaba la pequeña habitación donde se encontraba, solitario, un enorme cuadro de Sor Juana Inés de la Cruz. La poeta representaba a las miles de mujeres que, por siglos, no pudieron ejercer uno de sus derechos fundamentales: el acceso a la educación.

La educación, sobre todo después de la segunda mitad del Siglo19, adquirió una especial relevancia al convertirse en un derecho. Las mujeres, por su parte, aunque ya podían asistir a los colegios de educación básica, que principalmente estaban gestionados por religiosas, continuaron relegadas de las universidades. Por supuesto, no existía una razón lógica para dicha exclusión, apenas el pretexto de que una universidad no era lugar para jovencitas, las cuales ya  tenían mucho en qué pensar, como en su vestido de novia o cómo mantener contentos a sus maridos.

No fue hasta principios del Siglo 20 cuando las primeras mujeres lograron iniciar sus estudios superiores. Su ingreso, aunque a cuenta gotas, demostró que podían generar interesantes experimentos intelectuales que los hombres serían incapaces de llevar a cabo. En particular se destaca la fundación del Lyceum Club Femenino en Madrid durante el año 1926.

Por el Lyceum Club pasaron algunas de las más importantes mujeres de la historia de España, casi todas grandes desconocidas, como su fundadora, la profesora María de Maeztu; Victoria Kent, la primera mujer en graduarse en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense y diputada durante la República; Clara Campoamor, también diputada y precursora del voto femenino; la escritora Zenobia Camprubí, esposa del poeta Juan Ramón Jiménez. También estuvieron vinculadas al Lyceum María Lejárraga, Carmen Baroja, Ernestina Champourcín, entre muchas otras.

La escritora María Teresa León, asociada al club, comentó en algún momento que en el Lyceum “se conspiraba para adelantar el reloj de España”. Estaban convencidas que la educación era la única manera de alcanzar este objetivo. Para lograrlo, tomaron la decisión de dejar sus ideologías y sus creencias religiosas en las puertas del Lyceum. De esta manera consiguieron que en aquel lugar se debatiera, se pensara y se construyera el futuro del país sin vicios y sin violencia, y siempre encaminadas a promover la educación como el gran motor de España.

Por supuesto, el Lyceum Club recibió innumerables críticas desde los sectores más reaccionarios de la época, señalando que en aquel lugar las mujeres repetían las ideas de sus maridos, hermanos o hijos, pero con mayor vehemencia y más histeria. Pero a pesar de los gritos desde púlpitos y cuarteles, el Lyceum logró un amplio reconocimiento en el mundo intelectual de la época, especialmente durante la República. Sólo el inicio de la Guerra Civil y la posterior derrota de la República obligó al cierre del Club, tanto porque el nuevo régimen no iba a tolerar a mujeres pensantes como porque gran parte de sus asociadas tuvieron que partir al exilio.

La historia de este experimento, y de su dramático fracaso, está relatado en el libro La conspiración de las lectoras (Anagrama, 2009) de José Antonio Marina y María Teresa Rodríguez de Castro, ambos miembros de la agencia de detectives filosóficos y culturales Mermelada & White, quienes realizan una magnífica investigación, a través de la cual logran desvelarnos las enormes cualidades de estas mujeres curiosas, inteligentes y comprometidas. Su lectura logra despertarnos una irrefrenable admiración hacia ellas y una obligada indignación hacia aquellos que se opusieron a que las mujeres ocuparan el lugar que les correspondía (y les corresponde) en la sociedad.

Los tiempos han cambiado, las mujeres acceden a la universidad, incluso en mayor número que los hombres, sin embargo, todavía perviven algunos vicios inexplicables, como la negativa a que decidan libremente sobre su maternidad, la disparidad de salarios o su mínimo acceso a la vida política que acarrea el lamentable uso de ‘cuotas’ o de la llamada ‘discriminación positiva’, entre muchas otras. La ignorancia continúa y pasarán muchos años para salir de ella. El día que así sea, la mitad del mundo habrá ocuapado el lugar que le corresponde.

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2 comentarios sobre “La mitad del mundo

  1. Se ha avanzado a pasos agigantados en el tema de los derechos de la mujer en los ultimos 50 años pero todavia queda camino por recorrer, en especial en los paises latinos (ya ni mencionar los paises no occidentales). Lo triste del asunto es que ahora parece que la educacion ya no es cuestion de hombre o mujer, sino de pobre y rico, parece que ahora la tendencia es tener un pueblo pobre y tonto, y que solo los de dinero puedan estar educados, para explotar mas a los pobres. 😦

  2. Que muchas mujeres (casi todas jóvenes) todavía se sientan mal si no piden permiso a sus novios o maridos para hacer o dejar de hacer, para ir o venir, es un síntoma preocupante.

    Que todavía en sociedades supuestamente postmodernas como la española, muchas mujeres (casi todas mayores de 40) tengan que dar mil explicaciones para justificar que desean ser madres solteras, nos tiene que cuestionar.

    Que asuntos tan polémicos y complejos como el aborto sea debatido en los foros públicos por hombres y no por mujeres, es curioso (por decir lo menos), y que en las campañas de planificación familiar se siga concentrando la atención en la responsabilidad de las chicas y prácticamente no se mencione a los chicos… quiere decir que estamos casi como al principio del siglo XX: llenas de culpas y prejuicios.

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