Microrrelatos VIII

Cuando ya es sólo una coincidencia

Durante años soñó con encontrarla en cualquier esquina. Aquel deseo fue desapareciendo con el paso del tiempo hasta convertirse en un anhelo apenas perceptible los días de soledad. Y ahora estaba frente a él. Buscaba desesperada algo en su bolso, mientras miraba de reojo el autobús que se acercaba. Se plantó frente a ella. Lo reconoció, le regaló una mirada de nostalgia hasta que sus ojos se llenaron de súplica y le pidió cincuenta centavos. Él le dio una moneda, ella sonrió, le dio las gracias, subió corriendo al autobús y se fue.

carlos lópez-aguirre
Barcelona, 14 de abril de 2010

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Ida y vuelta

Una nube de polvo cubrió la estación cuando el tren se detuvo. La mujer que lo esperaba se tapó la cara y se dirigió al primer vagón con su maleta. Al abrir la puerta, se topó con un joven de barba recortada y frente sudorosa. ¿A qué viene a este pueblo? Aquí no hay nada, le dijo la mujer. Aquí termina el camino, ¿y usted a dónde va? A cualquier parte, como todos. ¿Volverá?, le preguntó el joven. Todos volvemos. La esperaré. Tardaré. ¿Cuánto tiempo? El suficiente para que seas el polvo que respire al volver.

carlos lópez-aguirre
Barcelona, 15 de abril de 2010

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