Los placeres del vagón

Los lunes los sonámbulos invaden las calles apenas amanece. En la cara de todo transeúnte se observan los estragos del fin de semana y la molestia del regreso a la rutina. Es cierto que muchos intentamos trabajar para vivir, pero los lunes en la mañana, con la cabeza todavía en el domingo, estamos convencidos que vivimos para trabajar, hasta que algo te hace despertar. Es algo así como una descarga eléctrica que te devuelve al mundo. Algunos la sienten en el viento matinal, otros en el movimiento de la calle. En mi caso, y estoy convencido de no ser el único, la percibo en un vagón del metro.

Medio año después de trabajar en casa, volví a la rutina de ir a una oficina todas las mañanas. Me di cuenta que estaba fuera de forma: fue una verdadera pesadilla escapar del sueño, caminar hacia la ducha, desayunar a las carreras y salir corriendo para no perder el ferrocarril que me llevaría a mi nuevo destino. Cuando estaba parado en la acera me sentí como el niño que va a su primer día de clases. Era increíble, pero lo que me hacía ilusión no era la nueva oficina, sino volver a tomar el metro por las mañanas.

Después de tomar el primer convoy en un recorrido corto, hacer un transbordo y luchar por hacerme un hueco entre la gente del andén, olorosa a perfume y sudor al mismo tiempo, disculparme en decenas de ocasiones por los pisotones en los desnudos pies veraniegos y sentir el chorro de sudor corriendo por mi espalda, arribó mi deseado transporte: un metro que pasaría por varias estaciones antes de arribar a mi apeadero. Subí alegre ante tanto asiento vacío, me acomodé y esperé  a que el tren se pusiera en marcha para iniciar el ritual.

Apenas se cerraron las puertas, abrí el morral y extraje de sus entrañas el libro que estoy leyendo en estos momentos, En el camino de Jack Kerouac, pero pudo haber sido cualquier otro. Lo que tanto estaba esperando era sentir otra vez el placer de leer mientras un tren me transporta. A mi lado observé que algunas personas comparten el mismo gusto, no importa si es con un libro o un diario. Leen y punto.

Durante años he disfrutado de este placer, como lo hacen tantas personas que saben que en estos tiempos que corren, donde parece que sólo hay tiempo para lo urgente y no para lo importante, esos pequeños lapsos son fundamentales para entregarse al placer de la lectura. Después vendrá la rutina, es cierto, pero después de dejarte llevar por la narración de un libro, el mundo se ve de otra manera y quizá seamos capaces de enfrentar a la cotidianidad para encontrarle novedades a la existencia.

El regreso a casa es igual, siguiendo al pie de la letra el mismo ritual. Y así, día tras día comparto mi viaje con varios personajes que me cuentan sus historias para que yo pueda disfrutar de la mía al bajar al andén.

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3 comentarios sobre “Los placeres del vagón

  1. Carlos,quina descripció tan sentida i viscuda dels dilluns al matí . No t’has deixat cap matís. M’encanta seguir el teu blog. Ah! i buscaré el llibre que dius que estàs llegint.Sempre tens bones recomanacions.

  2. Hola Carlos. Siempre te ha gustado. Déjame contarte que la gran mayoría de lo que he leido en mi vida (hasta la fecha) ha sido en vagones de metro, cosa que para mi no es un placer, sino única oportunidad.

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