Microrrelatos XXI

El testigo

Subí al autobús con el rostro sudoroso, el miedo en los ojos y la ropa manchada de sangre. Pedí ayuda: todos habían escuchado los disparos segundos antes. El chofer aceleró, mientras relataba el crimen que había presenciado. Me negué a ir a un hospital o a la policía, sólo quería llegar a casa. Todos lo entendieron. Antes de llegar a mi destino, ayudé a una anciana a subir y le cedí mi lugar; me miraron como un héroe. Al bajar, esperé a que las luces del autobús se perdieran en la oscuridad y tiré la pistola en una alcantarilla.

carlos lópez-aguirre
Barcelona, 28 de octubre de 2010

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Celos

Su abrazo sólo me dejó frío en el cuerpo. Era apuesto y elegante. Dejó húmeda mi mejilla cuando acercó su rostro. Lamentaba la pérdida de mi mujer. Murmuró entonces algo de tardes desenfrenadas y gritos desaforados donde ella le suplicaba que fuera menos hábil y más cariñoso; que lo odiaba por lo que le hacía sentir y que lo único que deseaba era largarse para acurrucarse a mi lado. Al soltarme, se quitó las gafas oscuras y observé sus hermosos ojos azules mientras me decía con una inmensa tristeza cuánto me había envidiado durante todos estos años.

carlos lópez-aguirre
Barcelona, 11 de septiembre de 2010

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