Microrrelatos XXIII

Fábula

Cocodrilo dormitaba a la orilla del río. Los murmullos de la selva arrullaban su sueño. Siempre con los ojos cerrados, mantenía alerta sus sentidos. Percibió algo en el agua y entreabrió los párpados: una pata y sus cinco patitos jugaban en el río. Recordó entonces a cocodrila aplastada por un árbol y sus crías saboreadas por los depredadores. Cerró los ojos y se sumergió en el río guiado por el aroma infantil y algo que no pudo descifrar. Cuando volvió a abrirlos, algunas gotas de sangre manchaban su nariz y una solitaria pata lo miraba con tristeza. Moraleja: ninguna.

carlos lópez-aguirre
Barcelona, 26 de noviembre de 2010

——

La seguridad

Mientras cargaba los cuerpos de los ajusticiados, el joven pensaba en su madre cansada, en su padre inmóvil y en sus hermosas hermanas; ya nada debían de temer, habían acabado con aquellos que los amenazaban. Escupió sobre los cadáveres en la fosa atiborrada y con una sonrisa empezó a echar tierra para borrar a la escoria que le enseñaron a odiar. Evocó la belleza de su novia, imaginó a sus hijos y fue inmensamente feliz. Sintió entonces la mano sobre su hombro, giró el rostro y encontró lágrimas y una lejana voz entrecortada: su pueblo, el fuego, la venganza.

carlos lópez-aguirre
Barcelona, 08 de diciembre de 2010

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