Preguntar es de rebeldes

En nada se han quedado las revelaciones de Wikileaks. Tal vez la última noticia que tendremos al respecto será la extradición de Assange a Suecia y su desaparición posterior. Todo quedará en el olvido. Quizá el grave problema de las revelaciones de los llamados Papeles del Departamento de Estado han sido demasiadas respuestas sin realizar ninguna pregunta, sobre todo después de su publicación. Ningún gobierno lo hizo, y los medios de comunicación que analizaron la información apenas hicieron preguntas a los protagonistas.

Las preguntas siempre son incómodas para el poder o para aquellos que lo desean. En los últimos años los dos grandes partidos políticos españoles han abusado de las conferencias “de prensa” sin derecho a preguntas o, simplemente, envían un vídeo a los medios. Para eso sirven las nuevas tecnologías ¿no? Para transmitir información, la información que sólo ellos desean que llegue al gran público, sus apreciados electores, los cuales, tampoco tienen derecho a preguntar nada después de haber emitido su voto.

Pero quizá el caso más extremo de la incomodidad de las preguntas se presentó hace unos días, cuando la periodista mexicana Carmen Aristegui hizo algunas reflexiones sobre una manta mostrada por un grupo de diputados de la oposición que decía “¿Tú dejarías que un borracho manejara tu auto? ¿Verdad que no? ¿Por qué dejas que maneje tu país?”. Aristegui mencionó que el rumor del supuesto alcoholismo de Felipe Calderón siempre había rodeado al mandatario mexicano, y las redes sociales solían hacer eco del mismo, y hacía una pregunta: “¿Tiene o no problemas de alcoholismo el presidente de la república?” Finalmente consideraba que era necesario que la oficina de la Presidencia de la República diera una respuesta clara y contundente al respecto.

Al día siguiente Carmen Aristegui era despedida de MVS Radio, alegando que la periodista había trasgredido el código ético de la empresa. Esa fue la respuesta que recibió del gobierno.

Curiosamente, hasta el momento, los mexicanos no hemos recibido una respuesta oficial a la pregunta que realizó la periodista utilizando su derecho a la libertad de expresión. Derecho que cada vez es visto como un peligro para la seguridad de muchos países, o mejor dicho, de sus gobernantes.

Por otra parte, esta tarde se me ocurrió escribir en el buscador de El País el nombre de Carmen Aristegui: no hay ni un solo resultado. Confirmando nuevamente que los medios españoles, y principalmente éste que es considerado como el más importante en lengua española, miden con diferente vara en España y en América Latina: todo depende de sus intereses comerciales.

Carmen Aristegui recibió el premio Ondas en el año 2006. Sin embargo, al año siguiente fue despedida de W Radio, propiedad del grupo PRISA, también entre rumores de que fue el gobierno de Calderón el que lo ordenó, debido a sus cuestionamientos sobre la limpieza de las elecciones que llevaron al candidato del PAN al poder.

Ese es el poder de las preguntas: pueden desatar tormentas. Estas experiencias nos demuestran que el periodismo aún está vivo y que hay gente (muy poca) dispuesta a jugarse el todo por el todo: preguntar hoy es de rebeldes. Los verdaderos periodistas no son aquellos que sólo se dedican a informar, son aquellos que provocan más preguntas, que crean más rebeldes.

Julian Assange es un atrevido; Carmen Aristegui, una rebelde.

carlos lópez-aguirre
Barcelona, 15 de febrero de 2011

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2 comentarios sobre “Preguntar es de rebeldes

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