Listas sin razón

Hace varios años, en las vísperas de un Mundial, el ex técnico argentino César Luis Menotti afirmaba en una entrevista que decidir quién era el mejor jugador de la historia era una ociosidad. Consideraba que era imposible determinar si Maradona era mejor que Pelé o si Cruyff lo era de Zidane, sobre todo porque cada aficionado emite su opinión no por la calidad técnica de cada jugador o los títulos que haya ganado, sino por los momentos, esos instantes inolvidables de emoción y pasión que les hicieron vivir.

En la literatura sucede exactamente lo mismo.

Hace tan sólo unos días comprobé que eso de hacer listas sobre lo “mejor”, lo “imprescindible”, lo “básico” es una obsesión de nuestro tiempo. Incluso los grandes autores no resisten la tentación de ofrecer su lista personal. En este caso hablamos de Carlos Fuentes, quien acaba de publicar el libro La gran novela latinoamericana, a través del cual muestra las que son para él los libros más destacados de la literatura de la región. Lo cierto es que aún son pocos quienes han leído la obra, pero las críticas empiezan a aflorar. Y es lógico, pues al hacer una lista, por más razones y justificaciones que se ofrezcan, siempre alguien considerará que está incompleta.

Porque al final, la lista de cualquier persona, sea de un gran autor o de un lector común, siempre será diferente, por el simple hecho de que cada libro es distinto, independientemente de que sea el mismo: es la mirada del lector lo que lo transforma. Ningún libro se lee igual, e incluso en muchas ocasiones al hacer una relectura nos encontramos que ese libro ya no es el mismo que leímos hace tiempo.

Ante tanta diferencia, es lógico que las ideas, las emociones y el gusto por cada libro sea distinto. Quizá para Carlos Fuentes los libros de Ricardo Piglia y Juan Gabriel Vázquez le hayan causado una gran emoción, una alegría o un llanto. Tal vez lograron levantarlo de su asiento o simplemente lo obligaron a cerrar por un momento el libro para disfrutar de lo que había leído. Cosa que tal vez Manuel Puig, Ernesto Sabato o Roberto Bolaño no lograron, ya que ni siquiera se han merecido una mención en el libro. Aunque esto tampoco quiere decir que los considere malos escritores, al contrario, quizá reconoce en ellos una gran calidad literaria pero no consiguieron removerle las entrañas.

La literatura es mucho más visceral de lo que uno se pudiera imaginar, como lo es el fútbol. Desata las mismas pasiones y discusiones de un lunes por la mañana o es capaz de crear grupos de “barras bravas” que defienden a capa y espada la obra de uno u otro autor. Y jamás podrán ponerse de acuerdo, porque los “colores” de su obra la llevan pegada al pecho. Porque la literatura consigue con sólo una frase o incluso con una palabra causarnos una emoción tan grande y levantarnos de nuestro asiento como cuando vemos a nuestro jugador favorito disparar con la zurda y gritamos ¡gooool!

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3 comentarios sobre “Listas sin razón

  1. Hay en tu entrada una crítica a uno de los elementos, que marcan nuestra época con mayor fuerza, la globalización de la cultura. Yo creo que se debe a esa necesidad de confundir y mezclar la universalidad con la homogeneidad globalizadora, nos montamos en los caballitos de los lugares comunes del lenguaje. (Claro es más fácil que tener que hacer nuestros propios juicios de la realidad)

    Una persona, o un grupo de personas “expertas” nos muestran su “experticia” y nos dicen que es políticamente correcto para leer, o usar, o escuchar y bueno, hasta por quien votar; por eso tenemos títulos que rezan: “1001 lugares de visitar antes de morir” o “1001 canciones que escuchar antes de morir” y un largo etcétera que me marea.

    Lo que preocupa es que esa idea de pontificar lo que es correcto, o bello o necesario, nos fragmenta más; peligroso asunto, creo yo, en una sociedad que que es intolerante antea la diferencia.

    Para terminar, (Mi manía de ser bibliotecario todo el tiempo) recuerdo tres de las cinco leyes de la biblioteconomía, propuestas por Ranganathan:
     1. Los libros están para usarse. (Y si no?)
     2. A cada lector su libro. (La maravillosa posibilidad de escoger lo que nos de la gana)
     3. A cada libro su lector.

    Y por eso, ningún libro que trate de insinuar cuales son las “mejores obras” estará completo, o será de nuestro gusto…

    Ya ves, la manía de suponer reglas universales para todo, contradicciones, contradicciones…

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