Microrrelatos XXXII

En esta ocasión, publico los microrrelatos con los que participé en el Premio Revista Eñe de Literatura Móvil:

EPÍLOGO. Y un día las dictaduras secuestraron el pensamiento y las palabras callaron, porque todo lo que decían podía ser usado en su contra.

VIOLENCIA DOMÉSTICA. Su risa en la habitación le indicó que jamás podría escapar de él, incluso ahora que se encontraba a dos metros bajo tierra.

DIFÍCIL DECISIÓN. Erase una vez una Tierra donde todos sus pueblos, en busca de un mundo mejor, decidieron acabar con el pueblo más ignorante, sólo que había un problema, también era el más poderoso.

BOCETO. Y al séptimo día, Dios se dio cuenta que las grandes obras requieren de más tiempo. Desde hace siglos se dedica a la creación, mientras que su primer ensayo vaga a su suerte en un rincón del universo.

ETERNA DURMIENTE. Y el príncipe le hizo el amor toda la noche sin darle un beso: no quería despertarla, quería evitarse el bochorno de sus gritos cuando le rompiera el corazón al decirle que no estaba preparado para el compromiso y lo viera partir al amanecer.

TERAPIA. Me hablaba todos los días, a todas horas, desde cualquier lugar. Me contaba sus terrores, sus dramas, sus crímenes. Y yo lo escuchaba atento, ávido de conocer cada uno de sus pasos. Hasta que una tarde se hizo el silencio y sus locuras me abandonaron. Ahora lo miro en el espejo y siento el frío de la pistola en el paladar.

MADEJA. Lloró toda la noche como sólo se le puede llorar a un muerto. Con la serenidad que siempre da el amanecer, se levantó convencida de que tenía que deshacer los hilos que la ahorcaban. Con toda tranquilidad sacó el cuchillo y fue cortando lentamente su pecho, derramando sangre y lágrimas de felicidad porque por fin dejaría de llevarlo enredado en el corazón.

CONTRA NATURA. Le dije que me dejara, que lo nuestro había terminado, que todo había sido una aventura, un arrebato de pasión. Me miró triste y lejana, con sus enormes ojos, sin saber qué hacer ni qué decir, todavía turbada por el placer y la decepción. Confiaba en que su amor fuera más grande que su instinto. Pero olió el temor en la mentira y mi adorada amantis se dispuso a devorarme.

PROFECÍA. La sabia brontosauria se lo dijo a quien la quiso escuchar: “la bola de fuego terminará con todos nosotros, luego la oscuridad dominará el planeta y, cuando se haga la luz, una plaga de seres irracionales y violentos reinarán por siglos hasta que hayan consumido la última migaja y la última gota. Y el planeta girará en silencio hasta el fin de los tiempos”. Nadie le creyó.

carlos lópez-aguirre
Barcelona, mayo-junio de 2011

Anuncios

5 comentarios sobre “Microrrelatos XXXII

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s