Microrrelatos XXXIX

El taxi de la muerte

La muerte siempre había utilizado el mismo taxi para ir en busca de sus víctimas. Durante años, su chofer, un hombre discreto, maduro, casado y con dos hijos, la había llevado sin reparos, aun conociendo los planes de cada viaje de su distinguida pasajera. Hasta que una mañana, la muerte se subió más seria que de costumbre al vehículo. Como siempre, colocó la guadaña a sus pies y le indicó a su chofer que avanzara. “¿A dónde vamos hoy señora?”, preguntó el hombre mientras la miraba por el retrovisor. “Sigue recto, yo te indico dónde damos vuelta”, le contestó la parca. Avanzaron en silencio algunas calles hasta que la muerte le dijo: “hoy es el último viaje”. “Está bien, señora”, dijo el chofer. Como siempre, el hombre jamás cuestionaba las decisiones de su clienta. La muerte sonrió, aun más de lo que su enjuto rostro le permitía. Entonces tomó la guadaña y de forma abrupta le pidió que parara. Antes de irse para siempre, la muerte se acercó al chofer, tanto que podía sentir castañear de sus dientes. Entonces le dijo: “No recojas al pasajero que te espera en la siguiente esquina”.

carlos lópez-aguirre
Barcelona, 14 de marzo de 2012

——

Las cenizas

Y un día, su relación terminó. Pero el tiempo es caprichoso y un mañana se encontraron en una esquina. Se abrazaron como amigos viejos, hablaron poco. Él vivía solo, ella con su marido. Se despidió con una sonrisa y él se quedó con el cuerpo vacío. Desde ese día, él se escondía detrás de un árbol para verla pasar todas las mañanas, siempre sonriente, siempre contenta. Con el paso del tiempo, notó que su felicidad se debía a lo que le crecía en el vientre. Hasta que una mañana no pudo más y cruzó la calle para encontrarse con ella. Al mirarlo, ella supo que no era un encuentro casual. Entonces, sin mediar palabra, él le tocó el vientre con suavidad y sintió un pequeño movimiento. Luego se acercó y aspiró el aroma de su pelo. Olía exactamente igual que el día que se conocieron. Ella le tomó el rostro y acarició la barba que él siempre quiso tener. “¿Cómo se llamará?”, preguntó él. Ella se acercó a su oído y susurró: “Como tú”.

carlos lópez-aguirre
Barcelona, 16 de marzo de 2012

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3 comentarios sobre “Microrrelatos XXXIX

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