Crónica de un libro escurridizo

La primera parte de esta historia está narrada con mayor detalle en la entrada Tres Páginas de este blog. Esta crónica es el epílogo de la misma y fue publicada en la revista Generación del diario El Colombiano de Medellín el 19 de agosto de 2012.

Una mañana recibí un correo electrónico donde se me comunicaba que el escritor Darío Jaramillo Agudelo había elegido uno de mis textos, publicado en el blog Expresiones Crónicas, para incluirlo en la Antología de crónica latinoamericana actual. Asombro y alegría se combinaron hasta que me asaltó la idea de que detrás de aquella elección se escondía un misterio.

Un año antes, el escritor Leonardo Valencia había insistió en que leyera la novela Cartas cruzadas de Darío Jaramillo. Era la primera vez que escuchaba aquel nombre. Poco después supe que era, ante todo, poeta. Abandoné el libro y me olvidé de él: leal a mis principios, siempre he evitado leer dos libros al mismo tiempo. Me parece una infidelidad.

Poco después observé que mi compañera (mi cómplice y todo, como decía Benedetti) lo leía con interés. Un día se plantó frente a mí y casi me ordenó que lo leyera. Me apresuré para evitar cualquier tentación de lectura adúltera.

La novela me arrebató desde su primera línea: “Mi amigo: Estoy enamorado, hermano. Perdida, locamente enamorado”. Cartas cruzadas es de un realismo sincero y conmovedor hasta la última página. Es la historia de tres amigos arrastrados por los primeros años del florecimiento del narcotráfico en la Medellín de los setenta, y sus tentaciones de dinero y poder.

Retrasé al máximo la lectura, saboreando esa prosa limpia y profunda, que te lleva de la mano para conocer los deseos y contradicciones de Luis, Raquel y Esteban, ese triángulo poético que refleja el sentir y el pensar de una sociedad que se encaminaba al abismo. Al terminarlo, retrasé también su devolución, pero un día su dueño preguntó por él y lo dejé ir entre lágrimas reprimidas.

Así que cuando recibí el correo electrónico anunciándome que publicarían mi crónica, me picó la curiosidad por saber cómo había llegado a ella Darío Jaramillo. Pensé que había encontrado el blog debido a que en una de las entradas alababa su novela, aunque desde Alfaguara me dijeron que la crónica se la había enviado una persona muy importante del mundo editorial que yo no conocía. Pregunté a un par de amigos que conocían al autor, pero ambos negaron haber recomendado el texto. Al final me quedé con el gusto y con la esperanza de algún día resolver el misterio.

No esperé demasiado. Un viaje a Medellín me dio la oportunidad de saludar en persona a Darío Jaramillo. Después de comer helado en San Diego y hablar un poco de ficción y otro poco de no ficción, me aclaró que el texto lo había encontrado después de una larga búsqueda de crónicas digitales, como ejemplo de que el género ya no era privativo de los medios tradicionales. Comprendí, nuevamente, que las coincidencias son lo más parecido a los milagros.

Le pregunté entonces dónde conseguir Cartas cruzadas. Desde nuestra llegada, habíamos comenzado su búsqueda, convencidos de que sería muy sencillo adquirirla: autor paisa, novela recreada en la ciudad… Habíamos visitado un par de librerías de la Universidad de Antioquia sin ningún resultado y en la Librería Nacional nos dijeron que no quedaban ejemplares. Darío Jaramillo nos llevó a la Nacional de San Diego y pidió que llamaran al Fondo de Cultura Económica en Bogotá para solicitar un ejemplar. Nos aseguró que la editorial ERA lo seguía distribuyendo y seguramente habría ejemplares en la capital.

Dos días más tarde llamamos a la librería. Nos dijeron que no había ejemplares en Bogotá, que buscarían en Cali. Cuando colgamos, estábamos convencidos de que la relación con Darío Jaramillo siempre se había caracterizado por un misterio. Nos prometimos encontrar el libro.

Primero fuimos al Centro Comercial del Libro y la Cultura. El extenso mercado donde sólo se vende un producto: libros. Preguntamos por la novela en todos los locales. Ninguno lo tenía. El calor apretaba, mi compañera me guiaba por las calles plagadas de ruido y color. En mis brazos, nuestro bebé de un año miraba asombrado el centro de Medellín, con esa hermosa decadencia que sólo existe en las calles centrales de las capitales latinoamericanas.

Nos encaminamos entonces a la mítica librería Palinuro, donde el espectacular Luis Alberto Arango nos atendió como sólo él sabe hacerlo. Con esa amabilidad de librero viejo, de esos que ya no existen, que guían, recomiendan, antojan. Pero Cartas cruzadas tampoco estaba ahí. Cuando ya nos íbamos, llamó a Gloria Inés Melo, gerente de la librería Al pie de la letra. Los ojos de Luis Alberto Arango se iluminaron y nos preguntó si podíamos ir en ese momento al barrio Suramericana.

Durante el trayecto en bus me di tiempo para admirar las montañas, disfrutar del viento, detestar el tráfico y sorprenderme de la cantidad de gimnasios y canchas de fútbol que inundan la ciudad. Llegamos con el último aliento que nos concedía el calor. Traíamos tal cara de náufragos que antes del libro nos dieron un vaso de agua. Con el pequeño en brazos y completamente dormido, me senté a esperar a que nos trajeran el ejemplar. Gloria Inés volvió a revisar su base de datos. Respiró profundo, volvió a teclear y con voz tímida nos dijo que había cometido un error. El libro que tenía era Cartas cruzadas, pero del autor australiano Markus Zuzak y no del paisa Darío Jaramillo.

Nos dimos por vencidos. Gloria Inés, con la pena en el corazón, nos prometió buscarlo y llamarnos a casa si lo encontraba. Esa tarde hicimos una larga siesta. Mientras me desperezaba, conté los días que nos quedaban en Medellín, con la esperanza de que en Cali encontraran un ejemplar. Sonó el teléfono. Era Gloría Inés, tenía el libro. Fui por él esa misma tarde. Ahí estaba, el último ejemplar de Cartas cruzadas de Medellín, cubierto por el polvo del tiempo. Me lo llevé con la sensación de que cerraba un círculo, ese que había comenzado la tarde en que Leonardo Valencia me prestó aquel libro determinante.

Epílogo
Al día siguiente fui a Palinuro para darle las gracias a Luis Alberto Arango. Después de contarle toda esta historia, entró a la librería un trío singular. Eran dos hombres robustos y sudorosos que vestían traje y corbata mal combinados y una chica de impactante escote que equilibraba con unos bluyines entallados que marcaban toda su geografía. Preguntaron por algún libro de Jaime Sabines. Solté una risita ante la coincidencia, mientras Luis Alberto les desvelaba que yo era mexicano y lamentaba que no tuviera libros del poeta chiapaneco. Se quedaron buscando más poesía. Hojearon algunos libros, pero sin dejar de admirar a su compañera que acariciaba las páginas con sus largas y decoradas uñas postizas, como hipnotizada por cada verso.

Poco antes de irme, escuché cómo la mujer insistía en preguntarle a Luis Alberto el origen del nombre de la librería. Mientras se lo contaba, salí a la calle donde el sol se perdía irremediable. Recordé a Luis, Raquel y Esteban, los protagonistas de ese libro escurridizo del poeta Darío Jaramillo. Me detuve en medio de la acera para volver, preguntar y conocer aquel trío peculiar. Pero se hacía tarde, al día siguiente volvíamos a casa.

Anuncios

2 comentarios sobre “Crónica de un libro escurridizo

  1. No sé si es apropiado el término en este lugar y en este contexto y ante este público, pero sí quisiera expresar mi respeto y mi admiración por el valor civil que ha dado Darío Jaramillo Agudelo con la publicación de este nuevo libro. En efecto, creo que llamar Poemas de Amor a un libro que contiene, además, varios y magníficos poemas de amor, es un gesto valeroso; quizás también un gesto desafiante. El desuso de la palabra, su evidente descrédito, la aureola un tanto soez y un mucho infame, la han rodeado durante algún tiempo. Por razones cuya suma total es difícil de establecer es una palabra que ha estado proscrita. No todas esas razones son tortuosas y problemáticas ni lo son para todo el mundo. Hay una al menos que aparentemente carece de misterio y es el abuso a la que la sometieron largas generaciones de malos y de buenos poetas, de aspirantes al título, de ilustres detentadores de ellos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s