Microrrelatos 50

El ladrón de rutinas

Me abordó en la puerta de la oficina. Con su sonrisa irresistible y su labia seductora me llevó del brazo. Tomamos un café en un lugar cercano, donde me quitó el reloj, el portafolio, la corbata y la voluntad. Me llevó a un parque a tomar el sol, a comer helado, a recostarme en el césped y a jugar con una pelota. Tomamos una copa en un bar y nos fumamos un puro. Caminamos por un rato hasta dejarme donde nos conocimos. Entonces se largó, y al mirar aquella puerta supe que era la entrada al infierno.

carlos lópez-aguirre
Barcelona, 21 de noviembre de 2012

——

Deconstrucción

Con los años le había quitado su horrorosa barba, sus odiosos pendientes, su melena incorregible, sus camisetas negras, sus pantalones rotos, sus cadenas vulgares, su moto estruendosa, su lenguaje de camionero. Era tan perfecto, que ahora se daba cuenta, con tristeza, de que en nada se parecía al hombre del que se había enamorado.

carlos lópez-aguirre
Barcelona, 24 de abril de 2013

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2 comentarios sobre “Microrrelatos 50

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