Microrrelatos 52

Errata

Subió al sótano en lo más alto del edificio. Bajó con las manos metidas en los bolsillos, mientras disfrutaba de la lectura del libro que le habían regalado dos días después. Salió del ascensor convencido de que algo andaba mal, pero la espuma de las olas que mojó sus pies calmó sus ansias. El sol brillaba con fuerza, lo que hacía más oscura y fría la noche. Apagó la luz, convencido de que moriría si permanecía más tiempo en el bosque y desapareció para quedarse para siempre en ese teatro, donde ella era el personaje principal.

carlos lópez-aguirre
Barcelona, 11 de noviembre de 2013

——

La angustia de cada tarde

Mañana era tan sólo una promesa: lejana e incierta. Pero al fin una promesa, algo que no se ha llegado a cumplir.

Y se desea.

Cada día, después de levantarse, desayunar en silencio, conducir hasta el trabajo, saludar sin ganas, trabajar sin aliento, beber, mear, trabajar, volver a beber y volver a mear, comía solo y apartado, sin poder llenar el hueco que se le formaba cada tarde en la boca del estómago. Una angustia sin sentido le recorría los huesos hasta hacerlos temblar.

Mañana, se repetía, convencido de que la promesa jamás se llegaría a cumplir.

Entonces, el amanecer.

La promesa cumplida.

Jamás acudió.

carlos lópez-aguirre
Barcelona, 12 de noviembre de 2013

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