Microrrelatos 54

La envidia

Un hilo de sangre recorre su pecho hasta escurrirse hasta sus pies. Un dolor agudo le azota el alma, sabe que todo ha terminado, ya no habra sol, ni viento, ni besos, ni lágrimas, ni cielos.

Mira a los ojos a su ejecutor, que lo observa más asustado que complacido.

La decepción lo derrumba. Cae.

Se toma el pecho. No lo hace por dolor, es tristeza. Comprende que ese que lo mata, no se ha dado cuenta de la belleza del día siguiente.

carlos lópez-aguirre
Puebla, México. 20 de marzo de 2014

——

Nota al autor

Hace tiempo que dejé de ser tuya. Hace tiempo que me cansé de que me utilizaras.

Ahora sabes que ya nada nos une. Sólo las palabras.

Esas que pusiste en mi camino y por el que muchos se guían para conocer mi destino, ese que no deseaba, ese que culmina con una tragedia, mi tragedia. Morir una y otra vez en cada ejemplar.

Pero sólo tú tocaste el cielo. Pero te arrepientes de mi muerte, ahora que no sabes cómo continuar.

Como yo con este relato que escribo sin pensar.

carlos lópez-aguirre
Puebla, México. 20 de marzo de 2014

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Un comentario sobre “Microrrelatos 54

  1. Carlos. vuelvo por acá luego de unas vacaciones obligadas. El final de ‘La envidia’ se lee con la misma tristeza, creo, de quien muere. Quizá fue la avidez del asesino lo que lo limita y no deja ver el día siguiente. EN ese instante de muerte él se pierde por completo en algo oscuro y grumoso.
    Abrazos

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