Emoción de escritura viva

slam_escrituraSiempre se ha ligado la escritura y la lectura como un proceso solitario. La emoción de leer o escribir se guarda como un secreto. A veces se comparte en una charla de café o a través de una risa espontánea en el metro o una lágrima en la cama.

Sin duda, la literatura es el arte más silencioso, tanto en su creación como en su disfrute. Tal vez a eso se deba a que los libros sean vistos como tanta seriedad, más cercanos a la academia que al espectáculo, situación contraria sucede con la música o la danza. Incluso la pintura o la escultura se mueven en un ámbito más público, más compartido: los museos.

Poco a poco la escritura va encontrando otros escenarios y otras miradas que vibran y sienten la literatura de manera distinta. Ni mejor ni peor que la tradicional, sólo diferente. De alguna manera el arte literario araña las túnicas del teatro y vuela entre los soplos de la música para colocarse frente a un escenario.

Ejemplo de ello fue el Gran Slam de Escritura que se llevó a cabo en la Antigua Fábrica Damm de Barcelona, el pasado 16 de septiembre de 2016. Aunque las Jam de Escritura parece que son algo común en la capital catalana, el Gran Slam le ha dado el impulso que le faltaba a la escritura en vivo, a la escritura espontánea: la escritura hecha espectáculo.

Los lectores y escritores más puristas quizá piensen que convertir la literatura en un show signifique el fin de la escritura como arte. Quizá así sea si la limitamos al silencio y a la soledad (que no dejan de ser aspectos válidos y que le dan una personalidad propia). Pero las letras, las palabras, la literatura son mucho más que eso. La letra que no se lee, es letra muerta. Y en el Slam de Escritura estuvieron más vivas que nunca.

Cientos de ojos vibraron con los diez finalistas del certamen, elegidos por los lectores en anteriores sesiones. El gran Slam comenzó con duelos entre escritores que tenían que realizar un texto a partir de una frase, un sonido o un color. Contaban con tan sólo unos cuantos minutos para escribir, para sacar su creatividad sin desviarse del tema. Poesía y narrativa se combinaron. Los lectores tuvieron que hacer esfuerzos por seguir ambos textos e intentar determinar quién lo había hecho mejor. Pero esa noche ellos no decidían a los ganadores, sino seis jueces. Jamás se mencionó qué tipo de criterio tomaron en cuenta. En algunos casos, los textos eran demasiado ambiguos sobre el tema propuesto y en muchos casos la velocidad hacía mella en la ortografía, sobre todo escaseaban las tildes o muchas palabras acababan amputadas.

Después, los cinco semifinalistas tuvieron que continuar una historia para crear un cadáver exquisito. Cada escritor tuvo que lidiar con el final del anterior. Quizá fue la parte más floja del evento, aunque los escritores lograron arrancar alguna que otra expresión. Sobre todo, cuando uno de los participantes fundió a dos personajes de la historia en uno solo.

La final consistió en un texto individual que tuvo que realizar cada uno de los tres supervivientes de la prueba anterior. Contaban con tan sólo cuatro minutos para escribir una historia o un poema a partir de una serie de objetos o de una situación concreta. Sin duda el momento más emocionante de la noche. Los finalistas no defraudaron. Sacaron su artillería creativa después de sólo tener quince segundos para pensar su texto. Conforme las palabras aparecían en la pantalla, el público rugía, reía, se asombraba con las espontáneas historias de los escritores. Todo un ejercicio de concentración.

El final fue apoteósico. Gritos y vítores para quien fue al final el campeón: Jaume Muñoz, quien sorprendió a todos con una historia donde el Rock & Roll derrotaba a Nietzsche en plena Edad Media. Sí, así como lo lees.

Al final, Marcos Xalabarder, organizador del Slam de Escritura, señaló que lo mejor de aquella noche es que más de doscientas personas se habían reunido por casi tres horas sólo para leer.

La escritura en vivo comienza a salir de sus sótanos para plantarse en escenarios más grandes. Es cierto que la literatura necesita paciencia, pero también ojos. A partir de aquí se pueden hacer todas las combinaciones posibles y seguro que nadie quedará defraudado. Lo único cierto es que la palabra impresa se niega a morir y busca nuevos aires para conseguirlo.

Nota al pie:
Como se menciona en el texto, el evento se llevó a cabo en la Antigua Fábrica Damm de Barcelona, un referente cultural y comercial de Catalunya. Todos los textos se escribieron en castellano, la mayoría de los presentes hablaban en catalán. Nadie se quejó.

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